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Alimentación en diabetes mellitus

27 de octubre de 2021

La alimentación en diabetes mellitus es un pilar fundamental para el control y prevención de complicaciones. La diabetes mellitus es una enfermedad que se produce como consecuencia de un déficit de actividad insulínica en los tejidos del organismo.

La diabetes mellitus puede clasificarse entre diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2 (90%). Los dos tipos son precedidos por prediabetes, una fase de metabolismo anormal de la glucosa. La diabetes tipo 1 es debido a una deficiencia completa de insulina y el tipo 2 se caracteriza por una resistencia a la insulina, menor secreción de insulina y mayor producción hepática de glucosa.

Factores relacionados con la diabetes

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune de las células beta del páncreas. Aún así, en la diabetes de subtipo 1B no hay evidencia de autoinmunidad.

En la diabetes tipo 2 también hay una reducción de la masa de células beta pero tiene mucha influencia genética y de factores ambientales como la obesidad, el sedentarismo y la nutrición.  La obesidad es el principal factor de riesgo para la diabetes tipo 2.

Objetivos nutricionales en la diabetes

Los objetivos alimentarios de diabetes se basan en normalizar los niveles sanguíneos de glucosa, optimizar los valores de lipoproteínas, normalizar la presión arterial, mantener un peso corporal óptimo y prevenir complicaciones asociadas a la diabetes.

Recomendaciones de la alimentación en diabetes mellitus

Las personas con riesgo de padecer diabetes tipo 2 deben perder peso y realizar actividad física. Para la reducción de peso de personas con sobrepeso se debe realizar una restricción calórica moderada (de unas 250-500 kcal/día) y dieta baja en grasas y/o hidratos de carbono.

En personas obesas, se puede realizar una dieta muy baja en calorías (menos de 800 kcal/día para conseguir una pérdida rápida de peso con una estabilización también rápida de los niveles de glucosa y lípidos en sangre. Cabe destacar que este tipo de dieta conlleva riesgos asociados: anemia, arritmias, fatiga o estreñimiento y que no garantiza el mantenimiento de la pérdida de peso.

En cuanto a la distribución de la ingesta, deben realizarse de tres a cinco comidas al día. El hecho de distribuir la ingesta en pequeñas comidas frecuentes reduce los niveles de lípidos en sangre, lipoproteínas, insulina y glucosa.

Hidratos de carbono

Una alimentación rica en hidratos de carbono mejora la liberación de insulina ya que es la glucosa que penetra en las células beta la que desencadena la liberación de insulina. Este tipo de dietas también elevan los triglicéridos.

Se recomienda un aporte del 50-60% de hidratos de carbono y la mayoría deben ser féculas complejas.  La sacarosa, fructosa o glucosa se pueden incorporar en la alimentación de pacientes diabéticos pero en cantidades pequeñas.

Proteínas

Debido a la reducción de la actividad insulínica, el metabolismo proteico está alterado y la eficacia de la utilización de proteínas disminuye, ya que la insulina produce un efecto neto anabólico y es necesaria para que algunos aminoácidos entren en la célula.

En la diabetes se reduce la síntesis proteica, la vida media de las proteinas intracelulares y aumentan la gluconeogénesis hepática y las pérdidas renales de nitrógeno.

Por esto se recomienda que las proteínas de la dieta sean de alto valor biológico y sean el 15-20% de la ingesta total.

Grasas

Como hemos dicho, los pacientes diabéticos deben disminuir su peso restringiendo el aporte calórico y las grasas no ayudan a ello. El aporte de grasas total del diabético debe reducirse a menos del 30% de las calorías totales y el aporte de colesterol debe ser inferior a 200 mg/día.

Minerales y vitaminas

En general, los pacientes que realicen una dieta variada y ajustada en aporte calórico para mantener el peso, no necesitan suplementos minerales o de vitaminas.

Como la diabetes se asocia a hipertensión arterial, se recomienda reducir la ingesta de sodio a 2.5-3 g/día. Si ya existe dicha hipertensión, la ingesta de sodio se limitará a 2.5 mg/día y si además el paciente tiene nefropatía se reducirá a menos de 2 mg/día.

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