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Alimentación en insuficiencia renal crónica

27 de julio de 2021

La insuficiencia renal crónica es el deterioro persistente irreversible de la tasa de filtración glomerular, que conlleva la pérdida progresiva de nefronas. Se produce una disminución de la tasa de aclaramiento de la creatinina, con el consiguiente aumento de ésta en sangre.

Las causas que provocan insuficiencia renal más frecuentes son: glomerulonefritis, diabetes, vasculopatías y pielonefritis.

El filtrado glomerular en adultos normales es de unos 120 mL/min. La insuficiencia renal crónica se clasifica por estadios según el filtrado glomerular:

  • Estadio 1: >90, daño renal con FG normal.
  • Estadio 2: 60-89, daño renal y ligero descenso del FG.
  • Estadio 3: 45-59, descenso ligero-moderado del FG.
  • Estadio 4: 15-29, descenso grave de FG.
  • Estadio 5: <15, prediálisis
  • Estadio 5D: diálisis

Tratamiento nutricional de la insuficiencia renal crónica

El tratamiento nutricional de la insuficiencia renal crónica tiene varios objetivos:

  • Evitar los estados de malnutrición, que son frecuentes en enfermos renales.
  • Intentar disminuir la generación de productos tóxicos que se acumulan en insuficiencia renal crónica, tratando de evitar la progresión de la enfermedad renal.

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Agua

Cuando hay insuficiencia renal crónica hay una disminución de la capacidad de manejo del agua, debido a la existencia de trastornos de concentración y dilución. Los aportes de líquido superiores a la capacidad renal de excreción de agua pueden provocar hiperhidratación, hiponatremia y edemas.

Además, existe disminución de la capacidad máxima de concentración urinaria, por lo que un aporte de líquido inferior a 1,5 litros crearía peligro de deshidratación.

Una restricción excesiva de agua puede ser perjudicial para la función renal por producir liberación de vasopresina que, actuando sobre las células mesangiales, es capaz de producir disminución de filtrado glomerular y actuar como factor adicional sobre el carácter progresivo de la insuficiencia renal crónica.

La ingesta de líquidos debe ajustarse según el estado cardiovascular del paciente. Debe aportarse una cantidad igual a la diuresis, más 500 mL por pérdidas insensibles.

Sólo debe restringirse el aporte de líquidos en la hiponatremia por dilución, la insuficiencia cardíaca y en la hipertensión.

Sodio

Existe un deterioro en la capacidad para excretar o ahorrar sodio, por lo que el aporte debe ajustarse a las necesidades del paciente. Normalmente es suficiente mantener una dieta en la que no se añada sal.

En pacientes estables, debe permitirse un aporte de sodio que iguale las pérdidas urinarias en 24 horas.

Habitualmente en la insuficiencia renal crónica se suele recomendar ingerir de 60-90 mEq/día de sodio.

Potasio

Los niveles de potasio suelen permanecer dentro de un intervalo normal mientras sea correcto el volumen de orina. No suele ser necesaria la reducción de potasio en los pacientes antes de la diálisis, a no ser que tengan hiperpotasemia.

Se recomienda restringir el aporte de potasio a 40-70 mEq/día si el filtrado glomerular es inferior a 20 mL/min.

Aporte de calorías

En la insuficiencia renal crónica hay que suministrar un aporte calórico adecuado para evitar aumentos del catabolismo proteico, dado que en situaciones de déficit calórico el organismo quema proteínas para obtener energía.

Proteínas

En los pacientes con insuficiencia renal crónica se recomienda una dieta hipoproteica por dos razones: para disminuir la sintomatología urémica y para tratar de influir positivamente sobre la progresión de la insuficiencia renal crónica.

  • Cuando el FG es >25 mL/min no es imprescindible restringir el aporte proteico.
  • Si el FG es <25 mL/min está indicado restringir el aporte proteico a 0.6 g/kg/día para controlar al generación de productos de desecho.
  • Si hay proteinuria, debe añadirse al aporte proteico diario una cantidad de proteínas igual a la pérdida urinaria.

Dos terceras partes de las proteínas han de ser de alto valor biológico, su contenido de aminoácidos esenciales ha de ser superior al 50% siendo su principal fuente la carne, los huevos, pescado y leche.

Hidratos de carbono

En la insuficiencia renal crónica se producen anomalías en el metabolismo de los hidratos de carbono debidas a la disminución en el catabolismo de la insulina y a la resistencia periférica a su acción. Cuando se realiza dieta hipoproteica, las proteínas solo pueden aportar un 7% de las kilocalorías necesarias. El resto debe provenir de los hidratos de carbono y de las grasas.

El aporte de hidratos de carbono debe hacerse preferentemente de carbohidratos complejos.

Lípidos

Los lípidos deben representar el 30-35% de las calorías. Alrededor de un 20% de las grasas deben ser saturadas, la tercera parte poliinsaturadas y el resto monoinsaturadas.

En los pacientes con insuficiencia renal crónica hay un aumento de triglicéridos y una redistribución del colesterol desde las lipoproteínas de alta densidad hacia las proteínas de muy baja densidad y de baja densidad, debido a un aumento de su síntesis y a una disminución de su catabolismo.

Fósforo y calcio

La restricción de alimentos ricos en fósforo se hace para combatir el hiperparatiroidismo secundario de la insuficiencia renal grave. La fuente más importante de fósforo son las proteínas. Los alimentos más ricos en fósforo son la leche, los quesos y las almendras.

En insuficiencia renal crónica puede producirse hipocalcemia por aumento de fosfatos y alteración en la producción de 1,25-(OH)2-D3.

Magnesio

El magnesio se excreta por vía renal y se acumula en la insuficiencia renal crónica, lo que supone que hay que evitar la ingestión de magnesio fuera de la dieta (antiácidos y laxantes)

Alimentación en hemodiálisis

El objetivo de la dieta del paciente sometido a hemodiálisis es controlar la ingesta de proteínas, calorías, sodio, potasio, fósforo, calcio y líquidos. Las recomendaciones generales son:

  • Restricción de líquidos. (se calcula el aporte de líquidos añadiendo 1000 mL al volumen de orina diario)
  • Limitación del consumo de sodio a 60-120 mEq/día para impedir la ingesta excesiva de liquido y su retención.
  • Controlar los niveles de potasio, ya que hay tendencia a la hiperpotasemia, con peligro de arritmias. 60-70 mEq/día.
  • Ingesta calórica adecuada para prevenir el catabolismo corporal magro. 35-50 kcal/kg/día.
  • La ingesta proteica debe ser suficiente para reponer los aminoácidos perdidos durante la diálisis, pero limitada para evitar la acumulación de productos de desecho entre las sesiones. 1-1.2 g/kg/día.
  • Los pacientes sometidos a hemodiálisis desarrollan con frecuencia hipertrigliceridemia e hipercolesterolemia. Para evitar el aumento de trigliceridos debe controlarse el peso, evitar el alcohol y no abusar de los carbohidratos, realizando ejercicio físico.
  • Administrar suplementos de calcio y quelantes de fosfato.
  • Los pacientes sometidos a hemodiálisis tienen tendencia a sufrir carencias de vitaminas hidrosolubles, especialmente vitamina B6 y ácido fólico. Se recomienda la administración de un suplemento diario de vitaminas hidrosolubles.
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Alimentación en diálisis peritoneal

Las necesidades calóricas son inferiores a las del paciente en hemodiálisis debido a la contribución calórica del líquido peritoneal, también puede darse sensación de saciedad precoz debido al volumen intraabdominal del dializado.

Los niveles de triglicéridos y colesterol suelen aumentar durante el tratamiento con diálisis peritoneal. Es recomendable moderar la ingesta de hidratos de carbono simples y alcohol.

La restricción de sodio puede ser menos rígida. No es necesaria la retención de líquidos, aunque en algunos pacientes puede limitarse para evitar la formación de edemas.

Las recomendaciones de calcio y fósforo son similares a los pacientes con hemodiálisis. Se aconseja complejos polivitamínicos que incluyan vitaminas hidrosolubles, especialmente ácido fólico.

 

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