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Seremos enfermeros

Consecuencias del estrés grave

16 de junio de 2021

Para comprender los trastornos psicofisiológicos derivados del estrés grave, es necesario analizar los ejes fisiológicos que intervienen en la respuesta de estrés. Se distinguen tres ejes fisiológicos:

  • Eje I: neural
  • Eje II: neuroendocrino
  • Eje III: endocrino

Eje I neural

Este eje se dispara de manera inmediata siempre que se percibe una situación como estresante, provocando la activación del sistema nervioso simpático (que genera una sintomatología característica de los cuadros de ansiedad aguda: aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca, de la presión arterial, de la liberación de glucosa, etc). así como la activación del sistema nervioso motor, encargado de regular el nivel de tensión de los músculos.

Esta activación se irá reduciendo lentamente, en 15 o 30 minutos si la situación estresante desaparece. El eje I no puede mantener el nivel de activación tan alto durante mucho tiempo, por lo que si la situación estresante persiste entra en funcionamiento el eje II.

La activación del eje I no suele provocar trastornos psicofisiológicos ya que la activación no es mantenida.

El cuadro clínico producido sería el llamado cuadro funcional, que se caracteriza por su reversibilidad y por carecer de daño orgánico objetivable. Solamente en el caso de que la activación de los órganos diana fuese excesivamente intensa o el estado de alguno de estos órganos fuera precario, se podría producir algún tipo de trastorno (por ejemplo, infarto de miocardio).

Eje II neuroendocrino

Este eje es más lento en su activación que el anterior y necesita unas condiciones de estrés mantenidas. Su puesta en marcha implica la activación de la médula suprarrenal con la secreción de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Esta liberación produce un resultado similar al referido anteriormente con la activación del eje I, siendo su función prolongar el nivel de activación del organismo ante la persistencia de la situación amenazante.
Una activación excesivamente intensa, repetida o duradera del eje II facilita la aparición de trastornos psicofisilógicos derivados de fallos de los órganos activados. Dado que este eje incide eminentemente sobre el sistema cardiovascular, la mayoría de los trastornos afectan a este sistema (infarto de miocardio, angina de pecho, hipertensión, arritmia cardíaca, etc.).

Eje III endocrino

Este tercer eje, más lento que los anteriores, y de efectos más duraderos, requiere para su activación una situación de estrés mucho más mantenida e intensa. Ésta suele producirse cuando el individuo no sabe cómo seguir enfrentándose a la situación de estrés, no teniendo otro remedio que soportarla.

Sus efectos negativos más importantes son la depresión, el sentimiento de indefensión, la pasividad, la percepción de falta de control, la inmunosupresión y los síntomas de tipo gastrointestinal, etc.
La puesta en marcha de este eje implica la movilización de las hormonas de la corteza suprarrenal, del crecimiento, tiroidea y vasopresina.
En conclusión, la activación del eje I es responsable de la aparición de los cuadros funcionales, mientras que los ejes II y III son los implicados en la génesis de los trastornos psicofisiológicos, produciendo daño orgánico objetivable.
A estos trastornos tradicionalmente se les ha denominado enfermedades psicosomáticas, psicosomatosis, trastornos somatomorfos o trastornos somatoformes.

Trastornos psicofisiológicos

Como se ha visto en el apartado anterior, la etiología de los trastornos psicofisiológicos es una situación estresante que a su vez origina o exacerba una patología orgánica demostrable o un proceso fisiopatológico.
Para que una persona desarrolle trastornos psicofisiológicos son necesarios los siguientes factores:
• Existencia de una situación estresante persistente.
• El trastorno desencadenado, que suele evolucionar por brotes, se desarrolla con una patología física objetivable o un proceso fisiopatológico conocido.
• El individuo suele presentar cierta predisposición biológica (hereditaria, constitucional, etc.).

 Tracto intestinal

Úlcera péptica

Es una erosión de la mucosa que recubre el estómago o el duodeno. Se desconoce su etiología. Es uno de los trastornos psicosomáticos clásicos. Está muy influido por el estrés. En la actualidad la padece el 6-15% de la población general. Seda sobre todo en hombres entre 45-55 años. El exceso de trabajo y la preocupación por “llegar más alto” se relacionan con el desarrollo de úlceras. Los factores emocionales son más importantes en la duodenal que en la gástrica. Las investigaciones demuestran un aumento de la secreción gástrica, vasodilatación y motilidad en presencia de ansiedad, resentimiento y frustración.

Colitis ulcerosa

Es una inflamación de la mucosa del intestino grueso. Suele iniciarse en adultos jóvenes o personas de mediana edad. Parece existir una relación familiar.

Trastornos cardiovasculares

Hipertensión arterial

Es una elevación persistente de la tensión arterial por encima de los 140/90 mmHg. Un 15% de la población sufre hipertensión en algún momento de su vida.
Los individuos con historia familiar de hipertensión tienden a presentar respuestas cardiovasculares y emocionales (ansiedad) intensas frente a tareas cognitivas frustrantes.
También presentan mayor prevalencia los que viven en condiciones socioeconómicas precarias o
estresantes. Pueden producirla la ira y la hostilidad reprimidas, pero no por sí solas. Debe existir una diatesis biológica necesaria para que aparezca el trastorno. Un estrés crónico, como el de los trabajos de alta responsabilidad o riesgo, puede llevar a una excitación crónica del sistema simpático y vasoconstricción, lo que conduciría a hipertensión en los sujetos sensibles.

Trastornos dermatológicos

La piel es el órgano más visible y sirve de intermediario físico entre el individuo, sus contactos sociales y su ambiente. La piel es muy reactiva a los estados emocionales.
Por su importante relación con la apariencia, la piel está íntimamente ligada a la autoestima y a la autoimagen. La importancia de los factores psicológicos en estos trastornos se comprueba debido a que durante los meses de verano (se enseña más la piel) los problemas psicológicos debidos a la piel se agudizan.

Prurito

El picor normal o leve es normal y el estrés psicológico al que normalmente está sometido el individuo así como sus rasgos generales de personalidad influyen en el grado de atención que el paciente le preste. Una persona ansiosa puede rascarse para descargar su tensión o su agresividad.

Psoriasis

Es una dermatosis crónica que produce lesiones rojizas, plateadas y escamosas.
Existe una tendencia hereditaria. El estrés emocional puede agravarla.

Trastornos respiratorios

Hiperventilación

Es un incremento de la ventilación más de lo necesario. Se suele deber a la ansiedad, el individuo puede no darse cuenta de que la frecuencia o profundidad de su respiración está alterada

Asma

Es una constricción de los bronquios que da como resultado dificultades respiratorias. Los síntomas pueden ser desencadenados por muchos estímulos (aire frío, alérgenos, infecciones, irritantes y emociones).
El trastorno o contratiempo emocional es uno de los factores de riesgo que pueden desencadenar un ataque de asma en los individuos susceptibles.

Trastornos endocrinos

Diabetes mellitus

Trastorno metabólico asociado a la deficiencia de insulina. El ajuste psicosocial está estrechamente relacionado con el control de la diabetes. El estrés psicológico importante puede intervenir en la aceleración del inicio de la diabetes o en las exacerbaciones.

Trastornos inmunitarios

Los estados psicológicos y el estrés pueden aumentar o disminuir la efectividad del sistema inmunitario. Así, los acontecimientos vitales estresantes y la soledad pueden disminuir la actividad de los linfocitos T. Esta disminución está relacionada específicamente con la aflicción, el duelo y la depresión.

Alergias

El estrés psicosocial que afecta al funcionamiento de los linfocitos T y B puede alterar la susceptibilidad del individuo a la alergia o la gravedad de la misma

Cáncer

Los acontecimientos estresantes preceden a menudo al inicio de ciertos tipos de cáncer. Los individuos depresivos, los incapaces de expresar sus emociones (especialmente la ira), son más propensos a desarrollar cáncer.

Trastornos sexuales

Dentro de los trastornos sexuales, los factores psicológicos que afectan al estado físico se centran en las disfunciones sexuales. Las disfunciones sexuales se caracterizan por inhibición del deseo sexual o de los
cambios psicofisiológicos que caracterizan el ciclo de la respuesta sexual.
La gran importancia de los factores psicológicos en estos trastornos se comprueba en que se pueden adquirir después de un período de funcionamiento normal, debido a algún estímulo ambiental o producirse sólo en determinadas situaciones o con determinadas parejas.
Los factores que predisponen a las disfunciones sexuales adquiridas son la ansiedad, los estándares subjetivos demasiado altos sobre rendimiento sexual (sensación de no cumplir con un concepto general mal definido de normalidad) y una sensibilidad excesiva respecto al rechazo real o imaginado de la pareja sexual.
Cualquier actitud negativa hacia la sexualidad predispone a las disfunciones sexuales y esta actitud puede ser debida a experiencias particulares, a conflictos internos o a los valores culturales rígidos.

Dispareunia

Este trastorno es un dolor genital persistente o recurrente antes, durante o después de la relación sexual. No está provocado nunca únicamente por factores biológicos sino que los factores psicológicos desempeñan un papel muy importante.

Vaginismo

Consiste en la aparición persistente o recurrente de un espasmo involuntario de la musculatura del tercio externo de la vagina, que interfiere en el coito.

Impotencia

Es un fracaso parcial o total, persistente o recurrente del hombre, en mantener la erección hasta el final de la actividad sexual. Puede acompañarse de la falta de la sensación subjetiva de excitación y de placer durante la actividad sexual.

Frigidez

Tiene las mismas características que el trastorno anterior, en este caso para la mujer.

Artritis reumatoide

Es un trastorno inflamatorio de etiología desconocida que afecta a las articulaciones. Se da en un 1% de la población general y es más frecuente en las mujeres (3 a 1). Existe una elevada proporción de casos con distrés emocional y trastornos psiquiátricos entre los pacientes con artritis reumatoide y sus familiares. En individuos con fuerte vulnerabilidad biológica a la artritis sería suficiente un leve estrés emocional para desencadenar los síntomas.

Obesidad

La obesidad está muy relacionada con los trastornos emocionales. Hay una alta correlación entre psicopatología y obesidad en las personas muy obesas. Sufren trastornos psicológicos sobre todo en su autoimagen y sus relaciones sexuales y de pareja.
La implicación social de la obesidad es muy grande. Unos de los factores más determinantes para la obesidad son los sociales. Variables como ser un país desarrollado o no, religión o clase social a la que se pertenece, influyen en este problema.
En los países desarrollados existe una relación inversa entre clase social y obesidad (6 veces más obesos en la clase social baja que en la alta en EEUU).
Existe una forma reactiva de obesidad, son las personas que comen más cuando están preocupadas, tensas o ansiosas. Se produce la obesidad también después de la muerte de un familiar y en situaciones de soledad. Estas personas reaccionan con depresión y comiendo mucho a las agresiones y otras emociones.
Las personas que se convierten en obesas padecen trastornos en las funciones psicológicas. Esto se ve sobre todo en los adolescentes, que sufren graves problemas para aceptar su imagen corporal, no tienen iniciativa ni autonomía, y controlan poco sus sentimientos y acciones.

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