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Punción lumbar: técnica, complicaciones y usos

25 de julio de 2021

La punción lumbar se realiza para medir la presión del líquido cefalorraquídeo y obtener una muestra para estudios celulares, citológicos, bioquímicos y bacteriológicos. Se puede utilizar también para complementar el tratamiento por la instilación de anestésicos, antibióticos, citostáticos o para drenaje. Por último, la punción lumbar puede realizarse como uso diagnóstico en la inyección de medios radiopacos como en la mielografía o agentes radioactivos como la cisternografía con radionúclidos.

La punción lumbar debe realizarse en pacientes sin antecedentes de coagulopatías ni sospecha actual y en pacientes que no toman medicación anticoagulante. Se acepta un INR de 1.4 o menor y un recuento plaquetario superior a 50.000 células/mm3.  Las personas con disfunciones plaquetarias por enfermedades como el alcoholismo o la uremia pueden presentar complicaciones hemorrágicas.

La punción lumbar conlleva riesgo si la presión del líquido cefalorraquídeo es muy elevada, ya que aumenta la posibilidad de hernia cerebelosa o transtentorial letales. También hay un riesgo considerable cuando hay una masa intracraneal que deforma y desplaza el tejido encefálico, en particular las de tipo asimétrico cerca de la tienda del cerebelo o el agujero occipital. Dicho riesgo es menor en pacientes con hemorragia subaracnoidea, en la hidrocefalia comunicante de todos los ventrículos y en la hipertensión intracraneal. Son situaciones que necesitan hacer punción lumbar repetida como medida terapéutica.

En pacientes con meningitis purulenta existe un pequeño riesgo de hernia cerebral, pero pierde importancia ante la necesidad de diagnóstico y tratamiento adecuado.

Técnica de punción lumbar

La punción lumbar debe realizarse siempre bajo condiciones estériles. El paciente debe colocarse en decúbito lateral izquierdo, con las caderas y rodillas en flexión, acercando la cabeza a las rodillas tanto como se pueda. Las caderas deben estar verticales y la espalda en alineación cerca del borde de la cama.

La punción se realiza más facilmente en el espacio intervertebral L3-L4, correspondiente al plano axial de las crestas ilíacas o en el espacio que está por arriba o debajo. En lactantes y niños pequeños en quienes la médula espinal puede llegar al nivel del espacio L3-L4 será necesario hacerlo en espacios inferiores.

Se inyecta anestésico local en la piel y por debajo de ella y también, calentar el analgésico girando la ámpula entre las palmas de las manos parece disminuir la sensación urente.

Normalmente se puede palpar el momento en que las estructuras ceden al penetrar la aguja a la duramadre, seguida de un chasquido sutil cuando se perfora la aracnoides. En este punto debe extraerse el trocar del interior de la aguja para que no ejerza presión negativa y se aspire alguna raiz nerviosa hacia su interior.

El dolor ciático durante la introducción de la aguja señala que se le introdujo muy hacia fuera. Si se lentifica la salida del líquido cefalorraquídeo, habrá que elevar la cabeza del paciente lentamente.

La incapacidad para entrar en el espacio subaracnoideo lumbar después de dos o tres intentos, suele solucionarse haciendo la punción lumbar con el paciente sentado.

Complicaciones de la punción lumbar

La punción lumbar tiene pocas complicaciones graves. La más frecuente es cefalea. Normalmente la cefalea es debida a la disminución de la presión del líquido cefalorraquídeo y la compresión sobre los vasos cerebrales y durales cuando la persona se pone de pie.

En contadas ocasiones después de la punción lumbar surge parálisis unilateral o bilateral del sexto par y se han señalado casos raros de hipoacusia y parálisis faciales.

En pacientes con anormalidades de la coagulación, a veces surge hemorragia en los espacios meníngeos o epidural raquídeos después de la punción lumbar.

 

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